¿Cansado de ser fuerte todo el tiempo?
Hay días en los que uno simplemente está cansado.
No necesariamente cansado físicamente. Puedes haber dormido y aun así despertar sintiendo que llevas un peso encima.
Es el cansancio de pensar demasiado.
De resolver problemas.
De cuidar de otros.
De tratar de mantener todo funcionando.
De responder “estoy bien” cuando por dentro sabes que no es del todo cierto.
A veces incluso podemos llegar a pensar que ser una persona de fe significa soportarlo todo sin mostrar debilidad.
Pero la Biblia presenta una realidad diferente.
Dios nunca nos pidió que lleváramos solos todas nuestras cargas.
Hay cargas que nadie puede ver
Algunas cargas son evidentes: una enfermedad, una dificultad económica, la pérdida de alguien querido o un problema familiar.
Otras son silenciosas.
La preocupación por el futuro.
Una decisión que no sabemos cómo tomar.
La responsabilidad de una familia.
Una oración que parece no recibir respuesta.
El temor de que algo salga mal.
La presión de tener que estar bien para que los demás también estén bien.
Podemos continuar trabajando, hablando, sonriendo e incluso sirviendo a otros mientras por dentro sentimos que nuestras fuerzas se están acabando.
Por eso resulta tan significativa la invitación que encontramos en Salmo 55:22: llevar nuestra carga al Señor y confiar en que Él nos sostendrá.
El salmista no niega que exista una carga.
Tampoco dice que una persona creyente nunca tendrá problemas.
La invitación es otra:
no cargues solo con aquello que puedes entregar a Dios.
Entregar una carga no significa ignorarla
Aquí conviene hacer una distinción importante.
Entregar algo a Dios no significa fingir que el problema dejó de existir.
Si tienes una deuda, todavía habrá decisiones que tomar.
Si existe un conflicto familiar, quizás sea necesario conversar.
Si estás enfermo, probablemente necesitarás atención médica.
Si cometiste un error, quizás debas corregirlo.
La fe bíblica no consiste en abandonar nuestra responsabilidad.
Consiste en dejar de vivir como si todo dependiera exclusivamente de nosotros.
Podemos actuar responsablemente y, al mismo tiempo, confiar en Dios.
Podemos trabajar sin convertirnos en esclavos de la preocupación.
Podemos tomar decisiones sin pretender controlar cada resultado.
Podemos reconocer nuestras limitaciones sin sentir que eso nos convierte en personas de poca fe.
Jesús también habló a los cansados
En Mateo 11:28-30, Jesús dirige una invitación especialmente significativa a quienes están cansados y cargados.
No llama solamente a las personas que tienen su vida perfectamente organizada.
Llama a quienes están agotados.
A quienes sienten el peso.
A quienes necesitan descanso.
Y la respuesta que ofrece no es simplemente una técnica para relajarse.
La respuesta es Él mismo.
Esto cambia profundamente la manera cristiana de entender el descanso.
El verdadero descanso no consiste únicamente en que desaparezcan nuestras circunstancias difíciles.
A veces Dios cambia rápidamente una situación.
Otras veces debemos atravesarla durante bastante tiempo.
Pero en ambas circunstancias podemos aprender que nuestra seguridad final no depende de que todo salga exactamente como esperamos.
Depende de Aquel que camina con nosotros.
Cuando la mente sigue cargando lo que ya entregamos
Hay algo que probablemente todos hemos experimentado.
Oramos por un problema.
Decimos que lo hemos entregado a Dios.
Y veinte minutos después estamos nuevamente pensando en él.
Entonces podemos sentir frustración:
“¿Por qué sigo preocupado si ya oré?”
Porque confiar también es un proceso.
Filipenses 4:6-7 nos enseña a llevar nuestras preocupaciones delante de Dios mediante la oración y la petición, acompañadas de gratitud.
Observa que la respuesta bíblica a la preocupación es relacional.
Cuando la preocupación vuelve, podemos volver también a Dios.
No tiene que ser una oración larga.
A veces puede ser tan sencilla como:
“Señor, aquí está otra vez este pensamiento. Tú conoces esta situación. Ayúdame a confiar en ti y dame sabiduría para hacer lo que me corresponde.”
Tal vez tengamos que hacerlo muchas veces.
Eso no convierte la oración en un fracaso.
Puede convertirse precisamente en una forma de aprender dependencia.
Dios se interesa por lo que te preocupa
1 Pedro 5:7 relaciona directamente nuestras preocupaciones con el cuidado de Dios.
Podemos poner nuestras ansiedades delante de Él porque Él cuida de nosotros.
Eso es fundamental.
No estamos depositando nuestras cargas ante una fuerza impersonal.
Estamos hablando con Dios.
El Dios que conoce aquello que los demás no ven.
El que conoce el pensamiento que te despertó esta madrugada.
El que conoce aquello que todavía no te atreves a contarle a nadie.
El que conoce también tus límites.
Por eso reconocer que estamos cansados no es una derrota espiritual.
Puede ser el comienzo de una oración sincera.
No tienes que demostrarle fortaleza a Dios
A veces hablamos con Dios como si tuviéramos que presentarle una versión mejorada de nosotros mismos.
Pero Él ya conoce la realidad.
No necesitas decir:
“Señor, todo está bien”.
cuando no está bien.
Puedes decir:
“Señor, tengo miedo”.
“Estoy agotado”.
“No sé qué hacer”.
“Esto me está doliendo”.
“Ya no sé cómo resolverlo”.
La Biblia está llena de oraciones así.
Los Salmos, especialmente, muestran personas hablando con Dios desde la angustia, el temor, la tristeza y la incertidumbre.
La fe no siempre comienza diciendo:
“Soy fuerte”.
A veces comienza diciendo:
“Dios, te necesito”.
¿Qué carga estás llevando hoy?
Quizás ahora mismo tengas una preocupación concreta.
No pienses en diez problemas a la vez.
Piensa solamente en uno.
¿Qué es eso que ocupa tu mente una y otra vez?
¿Qué situación estás tratando de controlar?
¿Qué resultado te produce temor?
¿Qué responsabilidad sientes que no puedes soltar?
Ponle nombre.
Y después llévala delante de Dios.
Puedes preguntarte también:
¿Hay algo que Dios me corresponde confiar y algo que a mí me corresponde hacer?
Tal vez tengas que realizar una llamada.
Pedir perdón.
Buscar consejo.
Organizar tus finanzas.
Ir al médico.
Tomar una decisión.
Esperar.
Pero una vez que hayas hecho lo que te corresponde, no necesitas vivir intentando controlar también lo que solo Dios puede controlar.
Una oración para hoy
Señor,
tú conoces las cargas que llevo, incluso aquellas que nadie más conoce.
Reconozco que muchas veces intento resolverlo todo con mis propias fuerzas y termino agotado.
Hoy pongo delante de ti aquello que me preocupa.
Dame sabiduría para hacer lo que me corresponde y fe para confiarte aquello que está fuera de mis manos.
Sostén mi corazón cuando vuelva el temor.
Enséñame a descansar en ti y a recordar que no camino solo.
En el nombre de Jesús.
Amén.
Para recordar
Ser fuerte no significa cargarlo todo solo.
La Biblia nos invita a acudir a Dios precisamente cuando nuestras fuerzas son insuficientes.
Puede que hoy no cambien todas tus circunstancias.
Pero puedes comenzar por algo:
dejar de llevar solo aquello que puedes llevar delante de Dios.
Lecturas recomendadas: Salmo 55:22; Mateo 11:28-30; 1 Pedro 5:7; Filipenses 4:6-7.

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